Los 100 años de la Ramal de Metro de Madrid


La historia de la Línea Ramal del Metro de Madrid es una de las más singulares y a la vez menos conocidas de toda la red metropolitana, pese a su enorme importancia histórica y simbólica dentro del desarrollo del transporte subterráneo de la capital. Se trata de una línea corta, apenas un kilómetro de longitud, pero cargada de significado, ya que conecta dos puntos clave del Madrid histórico como son Príncipe Pío y Ópera, y constituye uno de los vestigios más claros del metro original concebido en las primeras décadas del siglo XX.




La Línea Ramal nació en un contexto muy concreto, el del Madrid de los años veinte, cuando la ciudad comenzaba a expandirse y el Metro daba sus primeros pasos como solución moderna al tráfico creciente en superficie. Inaugurado el Metro de Madrid en 1919 entre Sol y Cuatro Caminos, pronto se hizo evidente la necesidad de conectar el centro urbano con las grandes estaciones ferroviarias. En aquel momento, la Estación del Norte, hoy Príncipe Pío, era una de las principales puertas de entrada a la ciudad para viajeros procedentes del noroeste de España, y su conexión directa con el centro histórico se convirtió en una prioridad.


Fue así como el 26 de diciembre de 1925 se inauguró el Ramal Ópera–Estación del Norte, concebido como una prolongación estratégica más que como una línea independiente en el sentido clásico. Desde su origen, el Ramal tuvo características técnicas particulares, ya que el desnivel existente entre ambos puntos obligó a diseñar una infraestructura con pendientes muy pronunciadas para los estándares de la época. Este rasgo marcaría para siempre su explotación y la tipología de trenes que circularían por él.



Durante sus primeros años de funcionamiento, el Ramal fue utilizado de forma intensa por viajeros que llegaban en tren a Madrid y se dirigían al corazón de la ciudad. El trayecto era corto, rápido y eficiente, convirtiéndose en una auténtica lanzadera urbana mucho antes de que ese término se popularizara en el transporte moderno. La estación de Ópera, por su parte, se consolidó como uno de los grandes nodos del Metro primitivo, conectando el Ramal con las líneas que atravesaban el centro histórico.


A lo largo de las décadas, la Línea Ramal fue testigo directo de la evolución del Metro de Madrid y de la propia ciudad. Sobrevivió a la Guerra Civil, periodo durante el cual el metro sirvió como refugio antiaéreo, y continuó prestando servicio en los difíciles años de la posguerra, cuando el transporte subterráneo era esencial para la movilidad de una población con escasos recursos. Mientras otras líneas crecían, se ampliaban y modernizaban, el Ramal permanecía casi inalterado, conservando su carácter original y una explotación muy específica.




En los años sesenta y setenta, con la progresiva pérdida de importancia de la Estación del Norte como terminal ferroviaria y su transformación en intercambiador de transportes, el Ramal entró en una etapa de redefinición. Aunque el flujo de viajeros de largo recorrido disminuyó, la conexión siguió siendo fundamental para enlazar el oeste de la ciudad con el centro, especialmente tras la llegada de Cercanías Renfe a Príncipe Pío. En este periodo, el Ramal empezó a ser percibido no solo como una conexión práctica, sino también como una línea histórica, casi una reliquia viva del Metro original.


Uno de los hitos más importantes en la historia reciente del Ramal fue su cierre temporal en 2009 para acometer una profunda remodelación, especialmente en la estación de Ópera. Durante estas obras se produjo un hallazgo arqueológico excepcional, con restos de la antigua Fuente de los Caños del Peral y vestigios del Madrid de los Austrias. Lejos de ocultarlos, Metro de Madrid decidió integrarlos en la estación, convirtiendo Ópera en un espacio museístico único en la red, donde historia, arqueología y transporte conviven en un mismo entorno. Esta decisión reforzó aún más el valor cultural del Ramal, que dejó de ser solo una infraestructura funcional para convertirse también en un recorrido histórico subterráneo.


Desde el punto de vista técnico, la Línea Ramal ha mantenido siempre particularidades propias, como el uso de trenes adaptados a sus fuertes pendientes y a su explotación como lanzadera. Durante muchos años circuló material móvil específico, distinto al del resto de la red, lo que incrementó su aura de singularidad dentro del sistema metropolitano. Incluso hoy, su operación continúa siendo diferente, con frecuencias ajustadas a la demanda y una explotación sencilla pero eficaz.


En la actualidad, la Línea Ramal sigue cumpliendo su función original de conectar Príncipe Pío con el centro histórico, al tiempo que se ha convertido en un símbolo del origen del Metro de Madrid. Para muchos aficionados y estudiosos del transporte, viajar en el Ramal es recorrer un fragmento vivo de la historia del suburbano madrileño, una línea que ha sabido adaptarse a los cambios urbanos sin perder su esencia. Su corta longitud contrasta con la profundidad de su legado, demostrando que, en ocasiones, las infraestructuras más pequeñas son las que mejor explican la evolución de una ciudad.


La Línea Ramal no es solo un enlace entre dos estaciones, es un testimonio de cómo Madrid apostó por el transporte subterráneo hace más de un siglo y de cómo esa apuesta ha perdurado hasta nuestros días. En cada trayecto entre Ópera y Príncipe Pío se condensan décadas de historia, ingeniería, transformación urbana y memoria colectiva, haciendo del Ramal una de las piezas más valiosas y singulares del Metro de Madrid.




Material Móvil de la Línea: 


La Línea Ramal (Ópera–Príncipe Pío) del Metro de Madrid no ha tenido flota propia autónoma como otras líneas largas; debido a que su única conexión de vías históricamente ha sido con la Línea 2, el material móvil que circuló por el Ramal dependió directamente del que esa línea utilizaba o del que podía operar en vías de gálibo estrecho y en recorridos cortos del propio Metro.




Desde su inauguración el 27 de diciembre de 1925, los primeros trenes que prestaron servicio en el Ramal fueron parte de las unidades más antiguas del Metro, diseñadas originalmente para la red en sus primeros años. Estas unidades eran del denominado tipo “Ventas”, formadas por coches motores numerados como M-101, M-102, M-103 y M-104 y remolques R-101 y R-102, construidos por la empresa vasca Euskalduna y fabricados basándose en tecnología norteamericana de tracción y freno General Electric. Estos vehículos eran compactos y preparados para operar en tramos cortos y con fuertes pendientes como los del Ramal.  



Durante esas primeras décadas, cada tren solía consistir en una unidad motriz acompañada de un remolque, y en momentos de mayor afluencia se acoplaban más coches gracias a sistemas de mando múltiple con ganchos Tomlinson. El diseño de aquellos coches incluía freno reostático modificado, que permitía controlar la fuerte pendiente que salva el Ramal evitando el exceso de uso del freno neumático.


A partir de 1945 los trenes “Ventas” fueron progresivamente remodelados y evolucionaron a una serie de coches conocidos como MF. Estos coches modificados sustituyeron a muchas de las unidades originales y estuvieron adaptados con mejoras en el freno reostático y la tracción, lo que los hacía idóneos para el exigente perfil del Ramal. Durante años, los MF —numerados MF-1 hasta MF-8— fueron los protagonistas exclusivos de este corto recorrido, acumulando millones de kilómetros de servicio.



La explotación con MF duró varias décadas (casi cuarenta años) porque estos trenes ofrecían fiabilidad y adaptación al trazado con fuerte inclinación. Su sonido, su aspecto clásico y la forma característica de operación dejaron una impronta muy especial en la memoria de los usuarios.


Artículo recogido de estas obras

Con el cierre del Ramal para obras el 9 de marzo de 1987, tras reparaciones y conservación del túnel y sus instalaciones, la explotación se reanudó con un material más moderno. Los clásicos MF desaparecieron y cedieron el lugar a trenes tipo MM-2000 P, unidades de dos coches más ágiles y modernas que venían de otras líneas y que se adaptaban bien a la longitud de los andenes más cortos del Ramal.



Cuando el Ramal volvió a abrir en diciembre de 1994 tras otra remodelación importante, empezó a utilizar trenes tipo MR-2000, que eran unidades de Metro muy similares a las de la Línea 2 y compartían tecnología y diseño con otros trenes del sistema. Estos trenes circulaban principalmente en composiciones de 4 coches (dos unidades unidas) aprovechando los andenes algo más largos tras la actualización de estaciones como Ópera.



Imágenes de la estación de Ópera y P. Pio

Ya entrados los años 2000, el Ramal comenzó a ver pasar también trenes y de las series 2000 y de la serie 2000 “preseries al depender de la renovación de la Línea 2: estos modelos de gálibo estrecho eran comunes en varias líneas del Metro, y eran adecuados también para las características del Ramal.



Fotos Archivo recogidos de revistas y artículos sobre la Ramal


El estado actual de las series MF en depósitos:


Serie MF en depósitos de Cuatro Vientos 


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